Por pares
17 marzo, 2013
  Petróleo y educación


Eleonaí Rivera

Artículo publicado originalmente en la
revista Diacrítica,número 47,abril de 2008,
publicada en Xalapa, Veracruz.
Los temas siguen vigentes .


La discusión que se está dando sobre la situación de la industria petrolera mexicana puede enmarcarse en dos grandes frentes. Uno, el del gobierno federal y sus aliados, obviamente los de su propio Partido Acción Nacional -PAN- , algunos legisladores del Partido Revolucionario Institucional -PRI- y, controlados por ellos, los medios masivos de comunicación electrónicos con un despliegue mediático que no expone ideas sino sólo frases de mercadotecnia con la pretensión de convencer a la población de que hay un gran tesoro bajo el mar y hay que ir por él, sin decir cómo, que pretende manipular, más que convencer. Por otro lado, las fuerzas políticas y sociales, incluyendo académicos, que ha estado presentando argumentos de cómo puede mejorarse la industria petrolera, retomando la letra y el espíritu del artículo 27 de la Constitución.

Desde fines de  la década de los ochentas del siglo XX, el gobierno, cuando era del PRI, ha expresado su intención de despetrolizar la economía nacional, sin haberlo logrado. Los gobiernos emanados del PAN, anterior y actual, tampoco lo han hecho. Pemex sigue siendo la gran fuente de riqueza de la que los gobiernos han dispuesto cuantiosos recursos por su falta de interés real en la recaudación fiscal, por lo que se sigue permitiendo la evasión y elusión de impuestos, aun con la mini reforma fiscal aprobada por el PRI y el PAN el año pasado <2007>. El gobierno no se está interesando en ampliar la base de contribuyentes, la evasión y elusión se sigue dando, por ello su interés en mantener los ingresos que la industria petrolera le provee, sin el menor esfuerzo, sólo manteniendo el esquema tributario actual. Parte de esa renta petrolera y por la presiones de las empresas transnacionales la pretende compartir, negando así una posibilidad de desarrollo de la industria nacional.

El mercado interno de gasolinas consume el 37% proveniente de la importación, básicamente de Estados Unidos, nuestro vecino del norte. Y el gobierno sigue en su política de exportación de petróleo crudo. Algo evidentemente contradictorio, pero que no se atreve a pretender resolverlo. Esta situación lo muestra tal cual es, no le interesa la solución de los problemas de los mexicanos sólo la defensa de los intereses de quienes los impusieron y lo mantienen en el poder. Pemex genera los ingresos para el financiamiento de la construcción de nuevas refinerías y con ello detener la importación de gasolinas hasta evitarla. La industria petrolera nacional no sólo puede revertir la tendencia de comprar en el exterior combustible, sino cambiar a ser exportadora de éstos ya elaborados, después de tener abastecido de manera completa el mercado nacional. Este es un caso.

Otro caso es la petroquímica. Los grandes complejos petroquímicos de Pemex están semiparalizados porque han disminuido su actividad productora mediante la transformación del petróleo en sus derivados inmediatos. Esos complejos industriales ya muestran un avanzado deterioro por falta de recursos para su mantenimiento, aun generando Pemex esos recursos que el gobierno le niega por la estructura dependiente que prevalece de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Tampoco se han construido nuevos complejos que agreguen valor al petróleo, se sigue la misma ruta exportadora del crudo que se inició hace más de veinte años .

Los dos casos señalados, la producción de gasolinas y petroquímicos, no han propiciado las inversiones en infraestructura y generación de empleos calificados en el país, éstos se han hecho en otras latitudes y beneficiando a otras economías, no a la nuestra. Lo más grave de esta situación es que se han tenido y se tienen los recursos para ello. Pemex los genera.

El gobierno sigue con el mismo esquema. Su mercadotecnia actual solo dice que hay que ir a sacar el tesoro debajo del mar. No dice que ese tesoro bajo el mar y el que está en el subsuelo continental puede ser la base de una riqueza mucho mayor, para ello habría que agregarle valor mediante el trabajo, el valor que le daría su transformación en combustibles para su consumo en el mercado interno y petroquímicos para el desarrollo de una cadena productiva nacional, dando lugar a un proceso que termine con productos elaborados para nuestra propia economía y para la exportación. México puede ser un país exportador de productos elaborados, no sólo de petróleo crudo. Esto permitiría la creación de empleos altamente calificados y por ello mejor remunerados para que permitan una digna manera de vivir a los mexicanos, también menos emigración. Cambiar el paradigma actual de exportar mexicanos necesitados por la exportación de productos para satisfacer necesidades en otros lugares del orbe debe ser una meta nacional, obteniendo así divisas para la importación de lo que no podamos producir aquí, no para importar gasolina como sucede ahora.

¿Y la educación?

Sólo ciudadanos educados pueden exigir del gobierno que no siga por la misma ruta en la que llevamos más cinco lustros y ha deteriorado las condiciones de vida de grandes sectores. Una economía con una dinámica de creación de valor generará más recursos para el gobierno y que éste cumpla con un principio constitucional que es el otorgar educación básica de manera obligatoria a todos los mexicanos de manera gratuita.

El sistema educativo mexicano requiere de una renovación que forme ciudadanos, no sólo demandantes de servicios del gobierno, que los forme en la libertad y la laicidad. La formación ciudadana en las aulas debe hacer de los niños y jóvenes personas con los conocimientos necesarios del pasado, sobre todo con una visión de futuro, infantes y muchacho en los que se fomente el espíritu creativo, el aprendizaje de las ciencias para el entendimiento de lo que sucede en el entorno y cómo preservarlo y transformarlo, que aplicando su aprendizaje científico sean innovadores. Que la convivencia social sea bajo el signo de la tolerancia, del entendimiento de lo que piensa, lo que dice, lo que es el otro, en la diversidad, no en la uniformidad, tampoco en el enfrentamiento que conduce al retroceso.

La educación necesita recursos y muchos. Una parte importante de esos recursos pueden provenir de la industria petrolera, ya expandida por la rehabilitación y construcción de nuevas refinerías y complejos petroquímicos, mediante el pago de los impuestos que como una empresa autónoma del gobierno tendría que hacer, así como de los derechos por el aprovechamiento de los recursos que pertenecen a la Nación. Esta es una mejor manera de distribuir los recursos de origen petrolero, no la dadiva que tal vez satisfaga necesidades mínimas de algunos mexicanos. Para la transformación que requiere el sistema educativo mexicano, en el caso de la educación básica ese proceso de transformación pasa por la liberación de los maestros del cacicazgo sindical que han padecido desde hace varias décadas, no pueden seguir bajo la voluntad de una presidenta de su sindicato que usa su poder como moneda de cambio para mantener prebendas y parcelas de poder en el aparato gubernamental, esto tiene que terminarse.

Una mejor manera de aprovechar los recursos de la industria petrolera es la educación, sobre todos, de los que actualmente no tienen oportunidades de acceso a las escuelas de todos lo niveles, desde la básica hasta la superior y de postgrado. La educación es un medio para ir disminuyendo esa gran brecha de desigualdad que separa a los mexicanos, dando a los que no han tenido las facilidades de educarse la posibilidad de hacerlo. Mexicanos educados serán mejores ciudadanos.

En la industria petrolera y en el sistema educativo se han establecido emporios sindicales que han contribuido a su deterioro. Para que puedan tener un sano desarrollo ambos, esos aparatos de domino deben ser eliminados de los gremios. Los trabajadores petroleros y educadores deben tener la oportunidad de poder elegir a sus líderes mediante prácticas democráticas. Y aquí está otra de las asignaturas pendientes de nuestra incipiente y frágil democracia, la destrucción de esos núcleos ilegítimos de poder y el surgimiento de liderazgos que respondan a los retos actuales para el desarrollo de la industria petrolera por un lado y de la educación por el otro.

Sin duda hay muchos problemas que resolver en nuestro país. El principio de la solución de todos es la educación. Por ahora y en un futuro inmediato, la industria petrolera ya transformada puede ser una de las que generen los recursos para la educación y que ésta nos permita abordar de mejor manera la solución a los otros problemas. Por algo hay que empezar.
 
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